Cristian Collipal: “Es posible ir resignificando todo lo que nuestros abuelos nos dejaron”.

      Es el escultor de los imponentes Chemamull que coronan la cumbre del Cerro Ñielol en Temuco. Un sueño, una visión, fue el origen de aquella obra que hoy trasciende lo artístico para situarse en el espacio de lo ceremonial. Cristian Collipal es voz más que autorizada para hablar de ambas cosas. Lo entrevistamos en la capital mapuche.


Por Pedro Melinao, Temuco 05-09-2011

Cristian Collipal Velásquez (1975) además de machi es un destacado artista mapuche, cuyo trabajo ha transitado por la pintura, el grabado, la escultura y además la música, siendo en esto último referente de toda una generación de rockeros al sur del Biobio. Titulado recientemente en Licenciatura en Arte en la Universidad Católica de Temuco, fue fundador de la mítica Brigada Muralista Aukatun a principios de los años noventa.

Collipal conversó con el Suplemento Koyon de Azkintuwe sobre su visión del movimiento artístico mapuche actual, la historia de Aukatun, la importancia de la cosmovisión en su obra y cuáles son sus derroteros artísticos actuales.

– ¿Cómo nace en ti esto de ser artista mapuche?

El arte creo que tiene mucha influencia en mi niñez y en eso tiene mucho que ver mi abuelo. Él era maquinista, pero aparte de eso tenia aficiones con los trabajos manuales. Tenia un taller propio donde fundía, hacia martillos, piezas de todo tipo, sabia de mecánica, de tornería en madera, todo eso con la afición de hacer cosas para nosotros, sus nietos o bien para el mismo, “crearlo todo”. De allí nació ese bichito que uno puede “crear” las cosas, que uno mismo puede construir las piezas imaginarias que se tienen o las ideas.

– ¿Ayudabas a tu abuelo?

Le ayudaba mucho. Me acuerdo estaba en la fragua y el sacaba los metales calientes y les comenzaba a dar forma, era realmente como un proceso artístico.

– Esa fue tu primera aproximación al arte…

Si y fue una aproximación importante. Lo otro es que mis padres siempre me dejaban ir al campo, siempre me dejaron relacionarme mucho con mis familiares y me pasaba mucho tiempo en el verano con mis tías, trabajando, haciendo chicha, enyugando animales y eso influyó en mi identidad mapuche. A pesar de vivir en la urbanidad tenia ese contacto fuerte con la comunidad de Rapa-Boroa, lo que me permitió identificarme claramente con lo que constituye mi identidad.

– ¿En qué momento te encuentras con quienes luego forman Aukatun?

Fue en la adolescencia. Empezamos a juntarnos con un grupo de personajes en el liceo, entre esos estaban varios y tal vez de los que más influyeron en ese tiempo fueron Juan Silva y Jaime Llanquileo. Luego fueron apareciendo varios más y fuimos como formando un grupo de estudiantes mapuche. En ese tiempo no habían centros de alumnos y nosotros quisimos hacer una lista, te hablo del Liceo Pablo Neruda en el año 1990 aprox. Partimos por una cuestión política de crear una lista mapuche y participar pero no tuvo mucho éxito. Luego surge la idea de crear una brigada muralista mapuche. Jaime nos invitó a acercamos a Liwen, el Centro de Estudios y Documentación Mapuche y comenzamos a trabajar.

– ¿Tenías experiencia previa en el muralismo?

Yo no había pintado mucho antes, otros si contaban con algo de experiencia, empezamos a donar material y pintamos el primer mural en la época de la “Conmemoración de los 500 años” de la llegada de los españoles, pintamos unos barcos volando y bombardeando el territorio. “La presencia de la muerte”, esa era la idea, fue algo muy loco nuestro primer mural como brigada.

– En esa época el movimiento mapuche comenzó a llamar plaza Lautaro a la plaza Teodoro Schmidt en el centro de Temuko. Allí se realizaban juntas o se iniciaban las marchas, había unos locales y atrás comenzaron aparecer murales con temáticas mapuche. De mi época de secundario recuerdo como esos murales comenzaron acompañar nuestros recorridos por la ciudad, muchos pintados por “Aukatun”.

Claro, nosotros éramos “Aukatun” y pintamos muchos murales, fuimos bien fructíferos en ese tiempo. Pintamos en el Liceo, como tu recuerdas en los locales de la plaza Lautaro, frente a la Universidad de la Frontera en el centro y en Chol Chol en el liceo Guacolda también. Tal vez no había mucha técnica, lo que había era un sentimiento, una necesidad de expresarse y de auto reconocernos como mapuches en el medio urbano y auto valorar nuestros propios conceptos del “arte”. Bueno, en aquella época ni siquiera se discutía, solo era la necesidad de expresarse.

– Hablas de una necesidad de expresarse, llenar espacios. Además de los murales surge la necesidad de una banda sonora que hable a los jóvenes mapuches en la ciudad. Háblanos de Pirulonko.

Nos pasó con el tema de la música. Cuando nosotros empezamos con el grupo Pirulonko en ese tiempo no había bandas de rock mapuche, nosotros partimos abriendo ese espacio. Igual es lo mismo, la urgencia de crear, de abrirse espacios, de mostrar que hay una estética distinta o más bien una manera distinta de vivir la estética. Así nace, por lo menos desde la perspectiva de Pirulonko, instalar un puente con todo lo que se había acumulado, con la brigada muralista, con los procesos sociales que se dieron en esa época de los noventas, con el Consejo de Todas las Tierras, con otro montón de organizaciones mapuches, ONGs, grupos sociales, grupos culturales, uno se comenzó a llenar de elementos y de la necesidad de expresar su identidad. También de marcar territorio dentro de la ciudad, no olvidemos que en aquel tiempo lo mapuche solo se asociaba al mundo rural.

– Recuperar la urbe como espacio mapuche.

Era volver a recuperar nuestra identidad en espacios territoriales en los cuales nuestra lengua no se usa, nuestra estética de la música no se usa y donde todas la cuestiones foráneas se daban por el rock, el heavy metal, todos canales de expresión muy foráneos. ¿Cómo revertir ello y darle un ribete nuestro, un sello mapuche que conectara a toda esa gente nuestra que hay en la ciudad y también a esos no mapuches que les pueda interesar conocer nuestra identidad? Esa era la pregunta que nos hicimos y tratamos de responder.

– Y lo hicieron de manera bastante rupturista. No eran precisamente mapuches queriendo reproducir o folclorizar nuestra música; lo de ustedes era rock y una actitud bastante punk. ¿Buscaban provocar a sectores mapuches más tradicionalistas y conservadores?

Si, tenía en parte esa intención, provocar. Los mismos Chemamull del cerro Ñielol, cuando los hicimos mucha gente no sabia cómo se llamaban, ni que eran los Chemamull, sin embargo, aludían a cosas tradicionalistas. “Estos no son de verdad pues están hechos con motosierra”, nos decían.

– Hay gente que criticó en sus comienzos al periódico por no ser “ancestralmente mapuche”.

Si te das cuenta, hoy en día los medios de comunicación alternativos y mapuches han sido muy importantes para sacar temas políticos y contingentes adelante, a la luz pública. La crítica siempre existirá. Sucede. Hoy esa misma gente que me criticaba por los Chemamull está navegando por Internet conectándose con otros lugares del mundo y no se cuestionan si esto sirve o no para reforzar la identidad mapuche.

– A resultado casi un lugar común esto de los artistas mapuches incomprendidos por sus pares por utilizar nuevas herramientas tecnológicas o más bien “habitar esta estética de otra manera”, como lo llamas tú. ¿Qué te provoca ese conservadurismo?

Bueno, yo me acuerdo de la época de Pirulonko y gente que criticaba hasta por el nombre de la banda. Obviamente el nombre también era intencionado. Mi abuelo me decía así cuando chico; “este es Pirulonko”, del sequito de la locura. Por eso yo quise bautizar así al grupo, que fuera algo “muy loco”, que rompiera los esquemas, hablamos del año 1995.

– Ustedes hacían rock en mapudungun ¿Por qué?

Yo había estado en el extranjero y escuchado bandas de rock indígenas tocando en su lengua y me decía: “¿cómo puede ser que nosotros estemos perdiendo así nuestra lengua?”. Los medios de comunicación te bombardean con una lengua que no es tuya, de hecho, esta entrevista podría ser en nuestra lengua, pero estamos sujetos a cuestiones culturales e históricas que hacen casi imposible que eso sea así. Si hasta en los trawun se usa el español como lenguaje dominante. En esto tienen mucha responsabilidad nuestras autoridades tradicionales, la lengua se debe utilizar, si no lo hacemos nos estamos poniendo la soga al cuello solos. Yo en uno de mis viajes me reuní con gente del pueblo Inuit, ellos se juntan y hablan su lengua, que maravilloso seria que nosotros pudiéramos hacer lo mismo, llegar a ese nivel es un sueño.

– En lo musical, cómo ves en este ámbito el escenario actual.

Siento que las bandas de rock mapuche actual están más preocupadas de darle espacio al discurso coyuntural, a la denuncia más política, que espacios a nuestra lengua. Esa no era la idea de Pirulonko, nosotros queríamos dar ese mismo discurso pero en nuestra lengua, en mapuche, no puedo entender que los cabros el día de hoy no se preocupen de eso, se apuran en sacar la canción pero no se preocupan de sacarla en su lengua. Eso me preocupa. Existen hoy varias bandas mapuche pero no están cantando en mapudungun, están cantando en winka. Tal vez esa misma crítica se les puede hacer a los dirigentes mapuches o a los mismos partidos políticos. Tú no te puedes imaginar a un dirigente vasco que no hable vasco, por ejemplo. Pero aquí si estamos en esa situación tan caótica con nuestra lengua. No quiero ser más papista que el Papa. Ya lo dije, no soy una persona tradicionalista pero creo que se puede desarrollar “arte” con una base sólida, que te de una proyección en el tiempo y no hay nada más sólido que tu propia lengua.

– Desde esa perspectiva, uno puede rescatar y valorar mucho que los artistas mapuche salieron a la calle y sin tanta discusión y debate sentaron las bases de una plástica, de una estética propia. Hoy uno puede discutir sobre lo “realizado”, a diferencia de los lingüistas que aun están discutiendo si es con V o con U y su discusión no sale a ratos de la academia. Uno puede hablar con propiedad de un movimiento plástico mapuche que en 15 años logró posicionarse en el imaginario de muchos.

Bueno si, el movimiento plástico mapuche salió de repente y se sentaron bases con cierta solidez. También hay gente que aportó a este surgimiento, como el mismo poeta Elikura Chihuailaf, que dieron estos espacios para exponer, para discutir y para codear el arte mapuche con los chilenos que hacían por su lado lo mismo. Me recuerdo el Encuentro de la Palabra, un trawun en Santiago el año 1998 creo, se dio una discusión muy fuerte, los grandes artista de allá se preguntaron qué era esto del arte mapuche. Finalmente tenemos los mismos problemas, el arte es ciego, sordo y mudo, recuerdo que Elikura fue uno de los que defendió con fuerza esto nuevo que estaba apareciendo.

– Cómo ves el escenario actual.

Si bien esto del “arte mapuche” aun esta en pañales, creo es valorable que estas primeras semillas hicieran brotar cosas nuevas. Están apareciendo nuevos artistas, se está consolidando gente nueva que tiene nuevas visiones y que logra conectar con la gente. Tu puedes pasar por la calle y te va a llegar, lo puedes ver en una polera y te vas a identificar, lo escucharás en una radio y te llegará, es un arte que está tocando raíces. Hoy en día nosotros estamos tomando este discurso de lo que es o era ser mapuche y lo estamos resignificando, tu lo puedes ver en la música, en la plástica, en la poesía, en el comix, todo se está resignificando, todos están buscando re-instaurar esta esencia en un concepto contemporáneo, en una realidad actual de lo que somos ahora, que no es lo que fuimos antes y nunca podremos volver a recuperar, porque ya pasó, ya fue, ahora somos ahora.

– Qué te parece esta “resignificación”.

Creo que es posible ir resignificando todo lo que nuestros abuelos nos dejaron. Y en eso el arte ha jugado un papel más trasgresor, más fuerte y más directo que los mismos discursos políticos que han sido muy coyunturales y que pasado el momento ya todo el mundo se olvidó. Pero las obras quedan, la música queda y eso es parte de la cultura cotidiana en la cual la gente vive. Tu cruzas la calle Prat y te encuentras con el mural, tu escuchas la radio Wajon y te encuentras con un tema de los Wechekeche Ñi Trawun, quiero decir que el arte tiene una mayor proyección que los discursos.

– Artísticamente hablando, ¿en qué esta ahora el peñi Collipal?

Yo ahora estoy en varios procesos, he estado alejado del tema artístico por un tiempo y ahora lo estoy retomando porque creo es importante mantener viva la creación mapuche. Y que aparezca más gente que haga cosas, continuando el camino que algunos hemos andado. Si alguien llega a hacer los Chemamull en el cerro otra vez para mi eso va a ser muy bueno, pues significará que no es mi obra si no la de nuestra gente que se sigue proyectando porque hay un tema filosófico allí que se debe seguir manteniendo y el arte es solo un canal de expresión.

– Referido al mismo tema, existen artistas que trabajan con materiales naturales y que plantean que el deterioro de la obra es parte de la propuesta y que esta existirá mientras exista ella físicamente. Sin embargo, en tu propuesta de los Chemamull del cerro, no estás contra la “renovación”.

Cada vez que un rehue se deteriora la gente que tiene responsabilidad, que tiene descendencia y antepasados allí, lo vuelve a “renovar”. Es una cuestión lógica, de sentido común, por ello renovamos dos figuras que estaban muy deterioradas en el Cerro. Había que restaurarlas. Para mi es un proceso natural. Uno nace, crece y muere, y luego otros nacen, crecen y mueren, ese es el ciclo de la vida, así tiene que seguir, como los viejos mueren tranquilos porque saben que tienen descendencia, se renuevan en su descendencia, lo mismo sucede con el Chemamull.

– Hoy son muchos los padres mapuches y sus hijos que suben el cerro y se encuentran con estas figuras y con este mundo en el cual se expresan muchas cosas simbólicas, que tienen que ver con seguir siendo mapuche en la urbe.


Para mi todo esto nació de la inquietud de un sueño. Comenzamos a trabajar con José Ancan, los dos con esta inquietud de levantar estos Chemamull. José desde su perspectiva de la gestión y yo desde la mía más artística. Nos unimos. Dentro de mi visión aparecía un niño y habían unas figuras y estaban en un lugar como el cerro Ñielol. Era un día con niebla y yo llegaba al lugar, aparecían estas figuras que estaban como corroídas y el niño me decía: “abuelo, abuelo ¿qué es esto?” y quería explicarle y no tenia las palabras para hacerlo. Esa es una pregunta que le nace a muchos niños, a las nuevas generaciones que visitan esta obra, les nacen las preguntas: ¿de dónde vienen?, ¿Cuál es el origen?.

Bueno, allí están plantados los cuatro primeros padres, la energía de Fucha, Kushe, Ilcha y Weche Wentru, es algo que me gustaría recalcar porque muchos mapuches no entienden qué significan, cuál es el significado de que estén en ese cerro, que eso llegó a través de sueños, que tiene que ver con nuestras futuras generaciones. Luego vendrán los niños de los niños de tus niños a preguntar lo mismo: ¿Qué es esto?, ¿Por qué están aquí?, son preguntas que se deberá responder cada generación venidera. Esa era mi visión, ese fue mi pewma.

– Gracias peñi Christian por compartir ese sueño.


Chaltumay peñi.

Fuente: http://www.azkintuwe.org/20110905_003.htm

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